02 June 2017

Real estate adventures: Geneva Edition

 

Real estate in Geneva

Desde hace un poco más de una semana estoy instalada en mi nuevo apartamento. El cuarto en cuatro años, pero el mejor de todos. Para celebrar esta victoria contra el mercado inmobiliario de Ginebra, decidí exorcizar con un post los últimos meses y aprovechar para hacer la publicidad de mi nueva residencia. Porque resulta que ahora el blog se ha convertido en publicidad no oficial para la residencia universitaria donde viví hasta el año pasado.

For a little over a week, I’m settled into my new apartment. The fourth in four years, but the best of them all. To celebrate this victory against the real estate market in Geneva, I decided to exorcise the last months with a post and advertise my new residence. Since it turns out that the blog has become an unofficial publicity for the student residence where I lived until last year.

Cuando supe que mi contrato con la residencia universitaria en Champel se iba a vencer decidí que nunca más quería volver a vivir en apartamentos compartidos. Empecé a buscar un apartamento individual que estuviera dentro de mi presupuesto, es decir a menos de 1000 francos al mes. Si eso suena como buscar una aguja en un pajar, en cierta forma lo es, pero hay que saber que sí existen. Muchos de ellos son apartamentos sociales, para los cuales no califico. Otros son apartamentos de cooperativas, para los que hay que inscribirse en una lista de espera que puede durar años. Pero otros son apartamentos que proponen directamente las famosas “régies”, las compañías inmobiliarias que manejan los apartamentos en Ginebra.

Resulta que la mayoría de las personas aquí no son propietarios de los apartamentos, sino que los alquilan a una “régie”, a la que uno envía una candidatura con los documentos siguientes: documento de identidad, los tres últimos comprobantes de salario y una constancia que no se tienen deudas o problemas legales. Uno además tiene que tener un seguro de responsabilidad civil, que te cubre en caso de daños al apartamento. La régie sólo acepta inquilinos cuyo salario es 3 veces más alto que el alquiler. Pero como generalmente la demanda es bastante alta, uno nunca sabe de qué depende que te den un apartamento o no.

Otra forma de encontrar un apartamento es pagar una agencia de “relocación”, que se encarga de buscar lugares que correspondan a tus criterios y que te acompaña hasta que firmes el contrato. Uno les paga un mes de alquiler o una cierta suma (alrededor de 2000 francos), si es que el alquiler es menor. Generalmente es lo que hacen muchos extranjeros, especialmente los que trabajan en instituciones internacionales, pero me parece súper caro.

Como estudiante tenía la opción de buscar en otras residencias universitarias privadas. Para algunas de ellas ya no tengo la edad, porque aceptan gente hasta los 30 años. Otras son cristianas y para otras sencillamente ya era muy tarde porque el periodo de aplicaciones es entre febrero y marzo únicamente. Decidí entonces buscar entre los anuncios privados de mi universidad.

Encontré un apartamento individual en el centro, a 10 minutos de la universidad y dentro de mi presupuesto, pero que sólo iba a estar disponible para sub-alquilar entre octubre 2016 y finales de mayo 2017. Decidí aplicar porque me dije que eso me iba a dar tiempo para encontrar un nuevo alojamiento para 2017 y que por lo menos iba a estar tranquila en los últimos meses de mi contrato en la universidad.

El apartamento lo alquilaba un señor que se iba a hacer un voluntariado a Birmania por 8 meses. Paga un alquiler ridículamente bajo porque tiene más de 20 años de vivir allí. Me pidió los mismos documentos de la régie y aceptó que me mudara antes de octubre, cuando yo iba a empezar el semestre en la universidad. Tuvimos nuestros desacuerdos: él porque era exageradamente desconfiado y yo porque mi aseguradora de responsabilidad civil fue totalmente incompetente. Pero al final él se fue y yo me pude mudar.

Vivir en casa de alguien es súper extraño. Tuve que adaptarme a su decoración New Age y a no tener sillas sino cojines en el piso. Por otro lado, tenía una súper conexión de internet y hasta televisión, que casi nunca usé, pero siempre fue útil. Por un tiempo, viví como una adulta: nadie me controlaba como en la residencia universitaria y hasta tenía mis horarios en la lavandería del edificio. Estaba súper cerca de la universidad, por lo que caminaba todos los días.

Estaba en el mero centro de la ciudad, con todos los inconvenientes que eso implica. Todo el tiempo que estuve allí hubo trabajos de reparación en las calles, por lo que el ruido era insoportable en el día. En la noche tenía los ruidos de las ambulancias del hospital al lado. Por la mañana siempre me levantaban los vecinos que bajaban las escaleras, porque las paredes de esos edificios viejos parecen de papel. El edificio de enfrente estaba a 3 metros, por lo que mi vista los primeros meses fueron los albañiles que estaban construyendo los apartamentos y luego los inquilinos. A mi apartamento no le daba la luz directamente, por lo que yo nunca cerraba mis cortinas. Me tuve que acostumbrar a ver a mis vecinos a los que sí les llegaba la luz del sol y aun así no compraban cortinas. En fin, si extrañaba la residencia universitaria era por tener la vista a la montaña del Salève y por sus exquisitas paredes de concreto que no dejaban pasar ningún ruido.

A principios de año apliqué a algunas residencias cristianas y a otras privadas. El inquilino me había dicho que tal vez me podía quedar en verano, por lo que había pedido entrar en septiembre. Pero en marzo me anunció que volvía a finales de mayo, por lo que tuve que buscar de manera urgente. Fui a ver directamente a las personas de una de las residencias para decirles que pensaran en mí si algo se liberaba antes de septiembre. Tuve la suerte que una semana después me llamaron para decirme que un apartamento individual estaba libre a partir de mayo y obviamente lo tomé. Al final me tocó pagar alquiler en los dos lugares, pero no importa. Era eso o seguir con la angustia de no saber dónde iba a vivir.

El mes de mayo lo pasé moviendo cosas de un apartamento al otro, en lo que sólo puede calificarse de la mudanza más larga de la historia. Pero al final heme aquí, en un hermoso apartamento en el último piso de un edificio del barrio de Pâquis, cerca de la estación de tren. Tengo mi propio baño, cocina, un súper closet y mucho espacio. ¡Tengo hasta una terraza con vista al Salève!

Ahora vivo en un barrio súper animado, lleno de negocios, restaurantes, prostitutas y vendedores de drogas. Pero que en la noche es sorpresivamente silencioso. Me encanta. Además, estoy a cinco minutos de mi supermercado favorito y del lago.

Al final del semestre, con mis estudiantes del seminario de crítica de arquitectura, discutimos mucho sobre la influencia de los espacios en el comportamiento de las personas. Espero que los próximos meses de redacción estén llenos de las buenas vibras de este lugar, o por lo menos de la alegría y del alivio que siento por estar aquí.


When I learned that my contract with the student residence in Champel was ending, I decided to never again live in a shared apartment. I started looking for an individual apartment within my budget, for less than 1000 francs. If it sounds like looking for a needle in a stack of hay, it kind of is, but they actually exist. Many of them are social apartments, but I don’t qualify for them. Others are apartments with cooperatives, for which you have to sign up to a waiting list that can take years. But others are apartments directly available through the famous “régies”, the real estate companies that manage housing in Geneva.

It turns out that most people here are not owners of their apartments, but they rent them from a “régie” to which you send an application with the following documents: I.D., your salary form for the last three months, and a certificate that you don’t have any debts or legal pursuits. You also need a civil responsibility insurance, which covers you in case of damages to the apartment. The régie only takes people whose salary is three times higher than the rent. But since generally the demand is so high, you never know on what it depends you getting an apartment or not.

Another way of finding an apartment is through a relocation agency, which will look for places that correspond to your criteria and will accompany you until you sign the contract. You pay them a month’s rent or a certain sum (around 2000 francs), if the rent is less. Generally, this is what a lot of foreigners do, especially those that work in international institutions, but I found that to be too expensive.

As a student, I had the option to look for private student residences. For some of them I don’t qualify anymore, since they take people up to 30 years old. Others are Christian and for others it was too late, since they only take applications between February and March. I then decided to look in the private ads through my university.

I found an apartment in the city center, 10 minutes away from the university and within my budget, but only available to sub-let between October 2016 and end of May 2017. I decided to apply because I thought that it would give me time to look for another place for 2017 and at least I would have a place to live in the last months of my job at the university.

The apartment was rented by a man who was leaving to do volunteer work in Burma for eight months. He pays a ridiculously low rent since he has been living there for more than 20 years. He asked for the same documents that régies do and he accepted that I move in before October, when I was starting the semester at the university. We had our disagreements: he was excessively distrustful and my personal responsibility insurance was incompetent. But in the end, he left and I got to move in.

It is very strange to live in someone else’s house. I had to adapt to his New Age decoration and to not having chairs but only cushions on the floor. However, I also had a super Internet connection and I even had a TV, which I rarely used, but was useful nonetheless. For a while, I lived like an adult: no one controlled me like in the student residence and I even had my own time schedule for using the building’s washing machine. I was really close to the university, so I walked every day.

I was in the city center, with all the drawbacks that implies. The whole time there were repairs in the streets, so the noise during the day was insufferable. At night, I had the noises from the ambulances of the hospital nearby. In the morning, my neighbors going down the stairs woke me up, since the walls in those old buildings seem made of paper. The building in front of mine was just 3 meters away, so my view the first months were the construction workers building the apartments and then the people living in them. I did not get direct sunlight, so I never shut my curtains. I had then to get used to seeing my neighbors all the time, who did get sunlight and still did not buy curtains. Anyways, if I missed the student residence was for its view of the Salève and for its exquisite concrete walls that did not let any noise through.

At the beginning of the year, I applied to some Christian and other private residences. The tenant told me that maybe I could stay for the summer, so I asked to move in September. But in March, he announced me that he was coming back at the end of May, so I had to look urgently. I went to see the people of one of the residences to ask them to think of me if something was free before September. Luckily, they called me a week later to tell me that an individual apartment was available at the beginning of May and obviously, I took it. In the end, I had to pay rent in both places, but I don’t care. It was either that or remain with the anguish of not knowing where I would live.

I spent the whole month of May moving things from one apartment to the other, in what can only be described as the longest move in history. But at last, I am here, in a beautiful apartment on the sixth floor of a building in the Pâquis neighborhood, near the train station. I have my own bathroom, kitchen, a huge closet and a lot of space. I even have a terrace with a view on the Salève!

I now live in a very animated neighborhood, full of small shops, restaurants, prostitutes, and drug dealers. But at night, it is surprisingly quiet. I love it. Besides, I’m just five minutes away from my favorite supermarket and from the lake.

At the end of the semester, with my students from my architecture criticism seminar, we had a lot of discussions on the influence of spaces in the behavior of people. I hope that the next months of writing are full of the good vibes of this place, or at least of the joy and the relief I feel for being here.

Mi antiguo apartamento:

My old place:

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Mi nuevo apartamento!

My new one!

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