18 June 2017

Mendrisio

Mendrisio 2017

Confesión n°1: a pesar de vivir en Suiza desde hace casi 4 años no he aprovechado para viajar mucho dentro del país. El sistema ferroviario es súper eficaz, pero los boletos son exageradamente caros, aun cuando se tiene una tarjeta que te da 50% de descuento. Es por eso que la región alemana y la italiana me son casi totalmente desconocidas, si no es porque una vez fui a Zurich un día para una conferencia. Pero gracias a otra conferencia, una escuela doctoral para estudiantes de las universidades suizas, este fin de semana tuve la oportunidad de ir por primera vez a la parte italiana, específicamente a Mendrisio.

Confesión n°2: antes de mi viaje no tuve tiempo de informarme sobre la ciudad, sus atracciones o historia. Me dije que sería entonces una excelente ocasión para descubrir la región sin prejuicios ni expectativas.

El viaje en tren desde Ginebra dura casi 6 horas, con dos cambios de tren. Pero el tiempo pasa rápido gracias a la magia de las series y si se escribe un post.

Confession n°1 : even though I have lived in Switzerland for almost 4 years now, I haven’t travelled that much inside of the country. The railroad system is really efficient, but the tickets are extremely expensive, even when you have a half-fare card. This is why the German and the Italian regions are almost completely unknown for me, with the exception of a day that I spent in Zurich for a conference. But it was thanks to another conference, a doctoral school for students from Swiss universities, that this weekend I had the chance to go to the Italian part, specifically to Mendrisio.

Confession n°2: I had no time before my trip to get some information on the city, its attractions, or history. I told myself that this was an excellent occasion to discover the region with no prejudices or expectations.

The trip from Geneva by train lasts almost 6 hours, with two train changes. But times flies by, thanks to the magic of series and if you write a post.

Llegué a Mendrisio a las 3 de la tarde, a la estación de tren Mendrisio San Martino (existe otra, simplemente llamada “Mendrisio”), que parecía estar en medio de la nada. Yo había impreso el itinerario a pie hasta el hotel, pero la señalización de las calles no era muy buena y mi sentido de la orientación es algo deficitario para alguien que estudió arquitectura. Así que bajo un calor absolutamente espantoso y con mi maleta, traté de pedir direcciones a las pocas personas que pasaban por allí, pero ninguno era del lugar. Fue cuando me acordé que seguía en Suiza y que tenía acceso a los datos de mi teléfono. Gracias a Maps.me pude encontrar mi camino. Dos litros de sudor después, llegué a mi hotel.

Después de una ducha, le pregunté al dueño del hotel qué era lo que tenía absolutamente que ir a ver del pueblo. No supo muy bien adónde mandarme. Me dijo que era un día feriado (¿qué demonios se festeja el 15 de junio en la religión católica??), así que todo iba a estar cerrado, excepto un centro comercial. Afortunadamente me dio también un mapa y una guía turística de la región. Fui a caminar y a encontrar un lugar en la sombra para leer la guía. Efectivamente, no hay mucho que ver en Mendrisio, a pesar de ser la ciudad natal de Mario Botta. Terminé haciendo un recorrido, propuesto por la oficina de turismo, de las principales iglesias y casas históricas que, aunque muy bonitas, terminé en menos de dos horas. El pueblo es muy bonito: parece una versión lujosa/esterilizada de Italia, si Italia fuera limpia, tuviera un tercio de sus habitantes donde todos fueran ricos y si todos sus edificios estuvieran recién restaurados. Conste que, a pesar de todo, me quedo con la auténtica Italia.

La ciudad estaba desierta y con la excepción de unos cuantos bares y una gelatería a la que terminé yendo dos veces, todo estaba cerrado. Fui a ver por fuera la Academia de Arquitectura, donde iba a ser nuestra conferencia al día siguiente, y terminé regresando a mi hotel, a ver la tele con el ventilador encendido.

Por la noche, me encontré con una colega doctoranda que también iba a presentar en la conferencia. Fuimos a cenar a un bar a dos minutos del hotel, donde nos atendió la mesera más adorable del planeta. No sólo no atendió súper bien, pero después de la cena nos invitó a platicar con sus amigos, a bailar con ellos y hasta nos pagó un trago.

La conferencia fue a la imagen de Suiza: todos reunidos, pero no revueltos. Los de la parte francesa hablamos en francés, los de la parte alemana en alemán y los de la parte italiana en italiano. Una sola transgresora se atrevió a hablar en inglés.

Yo presenté el primer día a las 4 de la tarde. Estuve todo el día tratando de mantener la calma, porque la ola de calor de los últimos días ha mostrado los límites de mi desodorante natural a base de bicarbonato de sodio y de aceites esenciales. Así que tenía que evitar sudar a toda costa. Logré mi objetivo y pude exponer. Creo que tres semestres de dar clases y todos esos talleres de cómo hablar en público han rendido sus frutos. No me puse nerviosa al dar mi presentación, incluso me divertí, y me hicieron varias preguntas. Estaba muy satisfecha de la experiencia.

Creo que de todas las conferencias o congresos este ha sido el que más me ha gustado desde el punto de vista social. Generalmente no conozco a nadie y platico con la gente, pero como yo nunca voy en modo “networking”, las personas vienen y van y al final me termino hastiando. Esta vez estaba con varios colegas de mi universidad, así que pude platicar con nuevas personas y regresar con mi grupo cuando era necesario. Y fue justamente gracias a esos colegas que no sentí las 6 horas para regresar a mi propio pueblito, que se parece a Francia, si Francia fuera limpia, tuviera un tercio de sus habitantes donde todos fueran ricos y si todos sus edificios estuvieran recién restaurados.


I got to Mendrisio at 3pm, to the Mendrisio San Martino Station (there is another, simply called “Mendrisio”), which looked like it was in the middle of nowhere. I had printed the itinerary to get to the hotel by foot, but there were not that many indications on the streets, and my sense of orientation is not that good for someone that studied architecture. So, I had to ask for directions, under a scorching sun and carrying my luggage, but not one person I asked was from there. I remembered that since I was still in Switzerland I had access to my phone’s data. Thanks to Maps.me I was able to find my way. Two liters of sweat later, I got to my hotel.

After a shower, I asked the owner of the hotel what were the places in the town that I absolutely had to visit. He did not know what to answer. He told me that that day was a holiday (what kind of Catholic holiday takes place on June 15th??), so everything was going to be closed, except some shopping mall. Luckily, he also gave me a map and a tourism guide of the region. I went for a walk and to find a spot in the shade to read the guide. Indeed, there is not much to see in Mendrisio, in spite of being Mario Botta’s hometown. I ended up visiting the main churches and historic houses, as recommended by the local tourism office. And even though they are very pretty, I saw them all in less than two hours. The town is nice: it looks like luxurious/sterilized version of Italy, if Italy was clean, had a third of its inhabitants where everyone was rich, and all its buildings were recently restored. However, I must say, I still prefer the real Italy.

The town was deserted and except for some bars and a gelateria where I went two times, everything was closed. I went to see the Accademia di Architettura, where our conference was taking place the next day, and ended up going back to my hotel, to watch TV with the fan on.

At night, I met up with a colleague who was also presenting at the conference. We went to have dinner at a bar two minutes away from the hotel, where we had the most adorable waitress in the face of the planet. Not only did she serve us very well, but after dinner she also invited us to hang out, dance and drink with her friends.

The conference was true to the image of Switzerland: we were all together but not mixed up. Those from the French part spoke in French, those from the German part spoke in German, and those from the Italian in Italian. Only one transgressor dared to speak in English.

I presented on the first day at 4pm. I spent all day trying to keep cool, because the recent heatwave has shown the limits of my natural deodorant made from bicarbonate and essential oils. So, I had to avoid sweating at all costs. I succeeded in my goal and managed to talk. I think 3 semesters of teaching and all those workshops on how to speak in public have paid off. I did not get nervous, I even had fun, and I got many questions. I was really satisfied with the experience.

I think that of all conferences or congresses I have attended this was my favorite from the social point of view. Normally, I don’t know anyone and I talk to people, but since I’m never in “networking” mode, people come and go and I end up worn out. This time, I was with many colleagues from my university, so I was able to speak to new people but could come back to my group when necessary. And it was thanks to these colleagues that I did not feel the 6 hours to come back to my own small town, that looks like France, if France was clean, had a third of its inhabitants where everyone was rich, and all its buildings were recently restored.

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017 Mendrisio 2017

Mendrisio 2017


Mendrisio 2017 Mendrisio 2017

Mendrisio 2017 Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017 Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

Mendrisio 2017

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