11 February 2013

The blogger’s manifesto

Hace algunos meses tuve la idea de cambiar la plantilla del blog. Se me ocurrió que podría contratar a un ilustrador muy simpático que trabaja en Honduras, pero en aquella época no tenía trabajo y mis ahorros estaban secuestrados en una cuenta bancaria francesa de la cual no podían escapar debido al deplorable sistema bancario hondureño, por lo que no tenía forma de pagarle. Pensé entonces en que podría diseñar yo misma la plantilla, pero mis habilidades de dibujo en computadora se limitaban al dibujo arquitectónico y no quisiera que mi blog se limitara a eso. Decidí entonces aprender a usar Photoshop e Illustrator, al principio con unas clases particulares con Yanis que recibió clases, luego con tutoriales en línea y hasta me metí al curso de Photoshop básico del Infop. Pero no llega la inspiración, no me queda el tiempo y me pregunto si vale la pena.

Desde que empezó este año he tenido el blog abandonado como nunca antes. Siempre he tenido períodos muy prolíficos intercalados con silencios producto de las ocupaciones diarias pero este año, por primera vez en siete años, he antepuesto la vida a la escritura. Lo peor no es que la vida haya alcanzado un estatus de emoción perpetua, sino todo lo contrario: he perfeccionado mi capacidad de hacer malabarismo con un montón de trivialidades, ninguna de ellas trascendental, muy pocas siquiera novedosas. Tal vez es justamente esa monotonía la que me hizo alejarme del blog ya que me descubrí destilando veneno en él más que de costumbre. Y es que he aprendido por las malas que este desahogo en línea puede tener consecuencias muy serias cuando implican a otras personas, pero incluso cuando sólo tienen que ver conmigo por eso de que supuestamente hay que tener una imagen irreprochable, no hay que contarle nada a nadie y hay que fingir que se está viviendo la vida que uno siempre soñó tener.

Gracias a este blog conocí nuevas personas, unas que se quedaron para siempre, otras que no duraron mucho, conseguí trabajos, se me dio la oportunidad de viajar y pude dejar un registro de muchas cosas que viví que no hubieran sobrevivido mi pobre capacidad de retención. En la lista de bloggeros exitosos yo estoy un peldaño más arriba de aquel que publica un post por año que alguien encuentra por casualidad en Google, pero estoy a años luz de las personas que son capaces de vivir sólo de publicar. No fue tampoco esa mi intención al crear el blog y de hecho cada oportunidad, hasta cada comentario fue recibido con un gran sentimiento de sorpresa porque cada post era lanzado al vacío sin saber que se podía recibir algo a cambio. Lo que siempre me interesó fue el acto creador, era estar perpetuamente en búsqueda de nuevos temas, nuevas frases, nuevas experiencias que contar. El blog me hacía feliz porque me permitía expresarme, algo que empecé a los diez años escribiéndole cartas a mi mamá, después un diario a una antigua amiga, luego un diario personal por muchos años para culminar en un espacio vacío que pretende estar lleno de gente. Cada día que no escribía me sentía culpable por que este blog se convirtió en el trabajo más importante que podría tener, el de construir un mundo interno y no dedicarle tiempo era traicionarme, era anteponer obligaciones pasajeras a la misión de una vida.

Traté de reorientar el blog y convertirlo en crónicas impersonales de viaje, recetario de cocina, espacio de crítica literaria, catálogo de museos, pero todo me terminaba aburriendo. Al final esos son episodios pero no podrían convertirse en el hilo conductor de este espacio. ¿Y cuál es el hilo conductor entonces? ¿Tiene este blog un tema, un propósito, entra en alguna categoría? ¿Debería de pensar en estas cosas? Porque entrar a ese esquema mental implica considerar el mercado al que está dirigido y el tipo de lector que quiero atraer y yo no quiero hacer de mi blog un producto. Mi blog comenzó siendo sobre mi vida y lo que me gustaba o no de ella y no veo porque eso debería de cambiar. No veo qué de malo tiene quejarme aquí del mundo de los adultos, de las condiciones laborales del país, de cómo a veces atravieso un túnel que no da señales que tendrá fin. Honestamente, si eso va a espantar a empleadores, potenciales novios o a familiares alejados, que así sea. Este blog siempre ha sido mi dictadura y no le debo explicaciones a nadie por lo que reivindico mi derecho a quejarme, lloriquear, sentir lástima de mí misma o a dejar dicho cualquier cosa negativa que me cruce por la cabeza. Todo esto es pasajero y las malas rachas también por lo que espero encontrar cosas buenas que decir de vez en cuando. Pero no va a ser el miedo a ser pesimista el que me va a mantener alejada de mi página personal.

Y tal vez algún día cambie la plantilla de una vez por todas.

Some months ago I wanted to change the blog’s layout. It occurred to me that I could hire a very nice illustrator who works in Honduras but at the time I had no job and my savings were being held hostage at a French bank account from which they could not escape due to the lousy Honduran banking system, so I had no way of paying him. Therefore I thought I could design the layout by myself but my computer drawing abilities were limited to architectural drawings and I didn’t want my blog to be limited to that. I decided to learn to use Photoshop and Illustrator, at first with private lessons with Yanis who actually took a course on that, then with online tutorials and I even did the basic Photoshop online course by the Infop. But the inspiration didn’t come, I don’t have any free time and I wonder if it’s worth it.

Since the beginning of this year I abandoned the blog like never before. I’ve always had very prolific periods as well as some silences as a result of daily occupations but this year, for the first time in seven years, I’ve put life before writing. The worst part is that life hasn’t attained a perpetual excitement status but on the contrary, I’ve perfected my ability to juggle a whole bunch of trivialities, none of them transcendent, few of them new at all. Maybe it’s this monotony that kept me away from the blog since I discovered myself being more poisonous than the usual. After all, I have learned the bad way that this online venting can have serious consequences when they involve other people, but also when they pertain only to me, because you supposedly have to keep an impeccable image to others, you should never tell anyone anything and you should always make believe that you’re living the life you always dreamed of having.

Thanks to this blog I met new people, some that have stayed forever, others that didn’t last long, I got jobs, I got to travel and I could leave a record of a lot of stuff I lived that otherwise wouldn’t have survived my poor memory. On the list of successful bloggers I’m a step ahead from those who publish a post once a year that can be randomly found on Google, but I’m light years from those who are able to live just by posting. That wasn’t my intention when creating the blog and in fact, each opportunity, every single comment was received with surprise since each text was launched into the void without knowing you could get something in return. What always interested me was the creative act; it was the fact of being constantly on the lookout for new subjects, new sentences, and new experiences to tell. The blog made me happy because it allowed me to express myself, something I started when I was ten years old and used to write letters to my mother, then a diary to an old friend, followed by a journal for many years in order to peak in an empty space supposedly filled with a lot of people. Each day I didn’t write I felt guilty because this blog turned into the most important job of all, the one of creating an inner world and to not give time to it was to betray myself, it meant putting up temporary obligations ahead of a life’s mission.

I tried reorienting the blog and fill it with detached travel chronicles, cooking recipes, literary criticism, museums catalog, but it all ended up boring me. In the end, those are episodes but they can’t be this space’s main narrative thread. And what is the main narrative thread then? Does this blog have a theme, a purpose, does it fit any category? Should I even think about this stuff? Because entering this mental scheme implies considering the market it should be aimed at and the kind of reader I want and I don’t want to turn my blog into a product. My blog started as a space to talk about my life and the things I liked and didn’t like about it and I don’t see why this should change. I don’t see why it’s bad to complain here about adult life, about the country’s work conditions, about how I seem to go through a tunnel that shows no signs of ending. Honestly, if this is going to keep employers, potential boyfriends or estranged family members away, so be it. This blog has always been my dictatorship and I don’t owe any explanations to anyone so I reclaim my right to complain, to whine, to feel pity for myself or to say anything negative that crosses my mind. Everything is temporary and bad streaks as well so I hope to find something good to say once in a while. But it’s not the fear of being pessimist that will continue to keep me away from my personal site.

And maybe one day I’ll change the layout once and for all.

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